sábado, 11 de marzo de 2017

De donde vengo...

Vengo de un país que es pequeñito, diminuto, y que no aparece en ningún mapa. Un país que tiene una puerta medio histérica que emite chillidos cuando se abre o cierra. Un lugar cuya superficie está medida por cuadritos de mosaico. Un espacio en miniatura que tiene tres paredes hechas de un cielo desteñido; y un cielo y una pared que son de madera barnizada.

Su vegetación consiste en una planta medio seca, que siempre me olvido de regar. Tiene también una ventana corrediza que da al espacio, al bosque, al desierto o a la sabana; según la ocasión.

Su geografía está compuesta por las cajas que tienen zapatos dentro, y una que otra esperanza. Hay además, una montaña que no es más que una cama y un edificio disfrazado de gavetero. En el edificio habitan libros, ropa, pijamas y  cosas del colegio. En la azotea de ese sitio hay un reloj (que es caja de música y joyero a la vez) en el que siempre faltan 10 minutos para las 5... Aunque no sé bien si se detuvo en la madrugada o en medio de la tarde. Lo acompaña una bailarina, que me mira como si quisiera decirme algo; pero que sólo gira y gira...

Tengo también un portal secreto en la pared, por el que se asoma una que es parecida a mí; que viene, se peina y luego se marcha.

Por las noches presiono el interruptor y se despereza una luna que tiene forma de bombillo...

En mi cama reposan mis cobijas y almohada, además de Sonia, mi osa de peluche.

Al final estoy yo, contando las tablas del cielo raso (43), mirando por la ventana o sentada con un libro en las manos y una historia en la cabeza...

Por último estoy yo, en este sitio que es enorme por dentro, al final estoy en La Habitación al Lado de la Cocina...


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