viernes, 31 de marzo de 2017

Punto intermedio.

Una vez leí que para escribir sobre amor hay que estar enamorado, o con el corazón roto. Yo estoy en un punto intermedio, justo en la parte en la que no sé si te quiero o no. Si estoy triste o no. Si mi corazón está roto o no.

Aún no lo tengo claro. Algunas veces me sorprendo mirando la fotografía que aparece en tu perfil,  viendo ese rostro tuyo que me parece perfecto. En otras ocasiones solo siento rabia hacia ti, y supongo que es porque estoy dolida o algo así. 

La verdad no lo entiendo, todavía puedo ver tu hermosa sonrisa ; pero también me fijo en las tonterías que dices. Aún me gustan tus manos, pero no como antes.

Tal vez me estoy "desenamorando"  lentamente, olvidando esos sentimientos y esas mariposas en el estómago. Dejando pasar el tiempo, haciendo que todo se convierta en un borrón de lo que antes fue. Dándole permiso a mi sonrisa para que se guarde donde estaba hasta que llegaste. Permitiendo que mis manos vayan olvidando lo que sentían cuando las estrechabas entre las tuyas. Consintiendo en que el olvido se lleve la sensación que tenía cuando nos abrazábamos.

Y entonces recuerdo el día en que todo terminó. Fue una pelea tonta: te grité y me gritaste de vuelta. No nos hablamos hasta una semana después, pero ya se había roto. Nada nunca vuelve a ser como antes era. Lo que casi teníamos se acabó antes de empezar.

Y aquí estoy, recordándolo todo; al final ya no sé si la culpa fue mía o tuya, Supongo que de los dos. También tengo algunas dudas: ¿pensarás tú en mi tanto como yo en ti? ¿Te cuesta olvidarme tanto como a mí?

Ojalá sea así.

15 enero 2017.

P.D: Por si a alguien le interesa, ya lo he superado...

lunes, 27 de marzo de 2017

Autobuses

A mí me parece que los autobuses tienen magia. Una magia extraña, distinta; no como la de los cuentos de hadas. Es como si el hecho de viajar en bus te diera ya una lección de esas que son gratis. Sólo hay que prestar atención.

Lección número uno:
Todo tiene un precio, al igual que el pasaje es más caro cuanto más lejos vas; el esfuerzo que le pongas a tu objetivo es el que dictamina hasta dónde puedes llegar. Las grandes distancias cuestan dinero. Las cosas buenas llevan trabajo.

Lección número dos:
Todo es temporal. Obviamente las personas forman parte de esta condición. Cuando vas en un autobús tu acompañante baja en el lugar que le corresponde. Así pasa con la vida:  incluso los buenos amigos tienen rutas y proyectos distintos. La compañía varía, todo es parte de el gran viaje. Unas personas bajan antes, otras te acompañan hasta el final.

Lección número tres:
El camino es de gran importancia. No te pierdas de la vista por estar mirando sólo la carretera. Cuando miras por la ventana, observas por un instante una realidad diferente a la tuya. Lo mismo pasa con la vida, si te la pasas pensando exclusivamente en la meta final; sin fijarte en las pequeñas grandes cosas que te ofrece el día a día: te lo pierdes todo. Porque la belleza radica en las cosas pequeñas. Al final resulta que las cosas no son lo que esperabas, que lo importante estaba en el recorrido ; en el aprendizaje adquirido para llegar hasta ahí. No te encierres en tu realidad, hay personas valiosas a tu alrededor. Hay una bonita vista si te fijas por la ventana.

Lección número cuatro: 
Puedes bajarte en el momento que quieras. Si decides desistir de tu proyecto es asunto tuyo. Lo único, es que acabas en medio de la carretera: esperando otro autobús. Y resulta que hay unos que pasan una vez al día. O una vez en la vida. No desperdicies las oportunidades, cuando estés a punto de rendirte ; piensa en lo que has tardado en llegar hasta ahí. Piensa que ya te falta menos. Puede que estés a unos quince minutos de tu destino.

Lección número cinco:
Hay obstáculos en la carretera. Podría tratarse de una reparación, un accidente o una presa simplemente. O quizás una mala nota, un mal negocio, un despido. Sea el inconveniente que sea, se debe tener presente que es también parte de el juego. Que las caídas nos legan muchas cosas, entre ellas una dosis de experiencia y otra de humildad. Además de una nueva perspectiva de las cosas. Hay que resaltar que la caída también es pasajera. Cuando menos te lo esperes el autobús estará avanzando de nuevo, si lo permites, claro.

Lección número seis:
Tarde o temprano se llega a la meta. Puede que el trayecto dure minutos u horas. O meses o años. Pero si eres paciente, si sabes esperar,  si miras por la ventana: resulta que alcanzas tu objetivo. Y en ese momento te bajas del autobús para ir al colegio o al trabajo. O alcanzas tu cometido y sonríes porque valió la pena el viaje. El éxito sabe mejor si se ha disfrutado el recorrido.

sábado, 25 de marzo de 2017

Espejismo

Creo que ese día te vi, como un espejismo. Tan difusa y serena que no supe identificarte. Tan esplendorosa y lejana como una galaxia. Te miré sin verte, ese rostro tuyo se difuminaba en la distancia, tu cabello ¿sabré yo si eras tú? Se movía al son del viento, describía formas en el aire.
La brisa me llevó un trozo de tu voz, un pedazo de tu esencia. Y no lo escuché, me pareció un engaño. Una treta del tiempo. Y miré hacia otro lado, porque aunque hubieses sido tú ; ya no lo eras realmente. Ya no eras esa que amé.

jueves, 23 de marzo de 2017

La nada...

La nada está hecha de un montón de cosas que no son, que no fueron. Está hecha de ese grito que no diste porque te quedaste sin aliento. De esa lágrima que derramaste y que nadie vio. De esa palabra que se quedó atrapada en tus labios. De esa apuesta que perdiste contra el montón. De esa decisión que no tomaste, esa que otros tomaron por ti. También está hecha de esa canción que antes te gustaba, pero que ahora solo te trae malos recuerdos.

La nada está compuesta por los nombres que olvidaste. Por los mensajes que no enviaste, por las llamadas que no hiciste.

Está hecha de esa nube que no tiene forma. De ese árbol que no creció. De ese peldaño que falta en la escalera. De ese pupitre vacío.

La nada está hecha de hojas secas, de semillas sin germinar, de flores incompletas y de sonrisas que se borran.

Al final resulta... que la nada es un pedazo de nosotros.

24 de Enero, 2017.

sábado, 11 de marzo de 2017

De donde vengo...

Vengo de un país que es pequeñito, diminuto, y que no aparece en ningún mapa. Un país que tiene una puerta medio histérica que emite chillidos cuando se abre o cierra. Un lugar cuya superficie está medida por cuadritos de mosaico. Un espacio en miniatura que tiene tres paredes hechas de un cielo desteñido; y un cielo y una pared que son de madera barnizada.

Su vegetación consiste en una planta medio seca, que siempre me olvido de regar. Tiene también una ventana corrediza que da al espacio, al bosque, al desierto o a la sabana; según la ocasión.

Su geografía está compuesta por las cajas que tienen zapatos dentro, y una que otra esperanza. Hay además, una montaña que no es más que una cama y un edificio disfrazado de gavetero. En el edificio habitan libros, ropa, pijamas y  cosas del colegio. En la azotea de ese sitio hay un reloj (que es caja de música y joyero a la vez) en el que siempre faltan 10 minutos para las 5... Aunque no sé bien si se detuvo en la madrugada o en medio de la tarde. Lo acompaña una bailarina, que me mira como si quisiera decirme algo; pero que sólo gira y gira...

Tengo también un portal secreto en la pared, por el que se asoma una que es parecida a mí; que viene, se peina y luego se marcha.

Por las noches presiono el interruptor y se despereza una luna que tiene forma de bombillo...

En mi cama reposan mis cobijas y almohada, además de Sonia, mi osa de peluche.

Al final estoy yo, contando las tablas del cielo raso (43), mirando por la ventana o sentada con un libro en las manos y una historia en la cabeza...

Por último estoy yo, en este sitio que es enorme por dentro, al final estoy en La Habitación al Lado de la Cocina...